Si algo hemos aprendido gracias a las pifias de los cachivaches mecánicos de Jelenna es que la ingeniería es traicionera por naturaleza. Sin embargo, los gnomos de Rasganorte cuentan con un nuevo modo de vuelo: los biplanos. Traquetean, hacen ruidos raros y vomitan humo, pero son vitales para las comunicaciones en el continente (aunque los billetes tienen precios de primera clase).






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